Antes de salir de la casa, su ama de llaves lo detuvo.
—¿Qué pasa? — preguntó él con cariño y poniendo sus maletas en el suelo.
—¿Puedo irme usted? Sabe que yo no me llevo con la señora y al no estar usted, seguro me despedirán como a querido hacerlo desde hace tiempo. — Milo le sonrió.
—Por supuesto, ve por tus cosas — en ese momento bajaba el padre de Sabira — te espero aquí.
—Milo, quiero disculparme, se que eres un gran hombre, espero que esto haga a Sabira abrir los ojos y ver el hombr