El jet finalmente aterrizó, abrí los ojos porque me había quedado dormida. Al igual que Nerea. Era igual, un aeropuerto privado. No sabía cuánto tiempo había pasado, era de día y estaba lleno de nieve. La ventana estaba empañada, casi no se podía ver nada.
—Llegamos, les recomiendo ponerse un abrigo porque afuera hace demasiado frío —me dice Andrés. Su mano derecha nos entrega abrigos y guantes. Hacemos lo que dice y salimos detrás de él.
—¿Donde estamos? —quise saber.
—En algún lugar de Ru