—Ahora si, oficialmente te has convertido en Nerea Grayson —le digo a Nerea, quien venía con su pequeña maleta entrando a nuestra casa. Por fin se había resuelto ese problema y ahora Nerea estaría con nosotros toda la vida. Me sentía orgullosa de haberla sacado de la calle. Me veía en ella cuando Andrés hizo lo mismo. Ella tenía la misma expresión que yo tuve en ese entonces cuando entré por primera vez acá.
—No tengo palabras para agradecerte, Amanda —Nerea me abraza—Gracias… muchas gracias.