**DAMIAN**
El silencio de la biblioteca de mi villa costera era denso, casi sólido. Fuera, la marina internacional se había retirado tras una llamada de mis abogados, pero la verdadera tormenta seguía rugiendo bajo mi propio techo. Miré mis manos. Todavía conservaban el calor de la piel de Elena, el rastro invisible de su sumisión forzada en el yate.
“Me está destruyendo desde adentro. Y lo peor es que me gusta”.
Giré el vaso de cristal en mis dedos, observando cómo el líquido ámbar se mecía co