**ELENA**
El sonido de las hélices del helicóptero rasgó la noche, una sierra mecánica despedazando el silencio que nos envolvía. Damián me soltó con una brusquedad que me hizo trastabillar. El calor de su boca aún quemaba la mía, un contraste gélido contra el aire acondicionado de la cabina. Él no me miró. Sus ojos estaban fijos en el relicario que apretaba en su puño, sus nudillos blancos como el mármol.
“Me usó para callar sus dudas. Y yo me dejé usar”.
—¡Rocco! —bramó Damián hacia el interc