**DAMIAN**
El pacto húmedo de nuestras bocas se desató entonces, un torbellino de pasión que se manifestó con la furia incontenible del mar, ese mismo mar que, en otro tiempo, había cimentado y elevado mi imperio. Cada beso era una confirmación, un juramento tácito de que la sumisión voluntaria de mi esposa, ese acto de entrega mutua y consciente, era el único balance, la única cuenta, el único activo que realmente me importaba consolidar en esta vida. En esa entrega, en esa unión, residía la v