ISABELA
Su tacto enciende un rastro de calor que se acumula entre mis muslos.
Nuestra respiración se mezcla, entrecortada y desesperada.
Sus labios chocan contra los míos.
Su voz es un gruñido bajo que me estremece. Su sabor inunda mis sentidos.
¿Estás listo para sentir cuánto te deseo?
—Muéstramelo, Alexei. Hazme olvidar todo menos cómo me haces sentir.
Empuja más y más profundo, su pene entra y sale de mí, estirándome. Dios, es tan grueso, tan caliente dentro de mí.
—¿Te gusta cómo me siento, cariño?—
—Sí.—
—La forma en que te voy a hacer venir, devotchka... lo recordarás por el resto de tu vida—.
No hablo, solo rodeo a Alexei con mis piernas y lo atraigo hacia mí. Su sedoso cabello negro le cae por ambos lados de la cara, sus ojos azul eléctrico clavados en los míos. Me embiste una y otra vez, su cuerpo delgado y poderoso se flexiona con cada embestida.
Me estoy acercando, muy, muy cerca.
Corro al baño, apenas a tiempo de vomitar. Esta ha sido mi nueva y encantadora rutina: náuseas