No tengo mucho tiempo para pensar en la repentina distancia de Amelia antes de que suene mi teléfono. La pantalla se ilumina con una videollamada de Mashkov. Respondo, atendiendo la llamada en mi oficina. Su rostro aparece, el viento azotando su cabello plateado, con una interminable extensión de agua azul a sus espaldas. Está en un yate.
Sonrío con suficiencia. «Genial. La jubilación te sienta bien».
Mashkov sonríe, con un puro colgando de los labios. «Deberías probarlo alguna vez, Melor. El aire marino, la libertad... nadie intentando meterte una bala en la cabeza».
Su sonrisa se desvanece y se acerca a la cámara. —Vamos al grano. Tengo la ubicación de Denis—.
Eso capta toda mi atención. —¿Dónde?—
—San José Este —dice Mashkov, dándole una calada a su cigarro—. Una zona sospechosa. Se está quedando con una mujer; podría ser una ex, podría ser su actual amante, es difícil saberlo.
Termino la llamada con Mashkov, ya pensando en los detalles. Le escribo a Sasha para contarle todo. Su