—Eso es, nena —gime con voz dulce y sensual—. Córrete. Déjate llevar. Quiero sentirte.
Su ritmo nunca disminuye, llevándome al borde del abismo, y sé que es solo cuestión de segundos antes de que me rompa por completo.
—Estás cerca, ¿verdad? —susurra, rozando mi oreja con sus labios, estremeciéndome—. Te siento. Suéltame, cariño. Quiero verte correrte.
No puedo contener el gemido que se me escapa; mi cuerpo responde a él de maneras que no puedo controlar. Se mueve, colocándose en el ángulo perfecto, y de repente jadeo, respirando entrecortadamente y desesperadamente.
—Eso es —murmura, bajando la velocidad lo justo para intensificarlo aún más. Sus ojos se quedan fijos en los míos, y veo algo más profundo en ellos—. Eres tan hermosa así.
No sé si son sus palabras o la forma en que se toma su tiempo conmigo, pero me deshago, el placer me recorre en oleadas. Mis uñas se clavan en sus brazos mientras grito, todo mi cuerpo tiembla. Melor observa, con una sonrisa satisfecha tirando de sus la