—Eso es, nena —gime con voz dulce y sensual—. Córrete. Déjate llevar. Quiero sentirte.
Su ritmo nunca disminuye, llevándome al borde del abismo, y sé que es solo cuestión de segundos antes de que me rompa por completo.
—Estás cerca, ¿verdad? —susurra, rozando mi oreja con sus labios, estremeciéndome—. Te siento. Suéltame, cariño. Quiero verte correrte.
No puedo contener el gemido que se me escapa; mi cuerpo responde a él de maneras que no puedo controlar. Se mueve, colocándose en el ángulo perf