CAPÍTULO 255

Unos instantes después, volví a la cocina. Allí estaba Piper, con una copa de vino en la mano, esperando a que Mick volviera del patio trasero.

—Oye. ¿Ella está bien?—

—Ella estaba bien; dormía como un tronco.—

Me acerqué a ella. Sin decir palabra y sin dudarlo un instante, apoyó la cabeza en mi hombro. Nos quedamos así un rato; Mick terminó lo que estaba haciendo y pronto entró.

—Eso era lo que tenía en mente. Me contaste lo difícil que fue tu infancia, así que pensé que sería bonito regalarle
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