Siento como si el suelo se abriera bajo mis pies. La sangre se me congela, luego se me calienta, casi me quema. Hielo, luego fuego. La mortificación choca con la incredulidad, que choca con algo más, algo que no quiero nombrar.
¿Acaso no sabe que estoy aquí? Se acaricia de nuevo, gimiendo otra vez. ¿Qué se imagina? ¿Yo sobre el escritorio frente a él, su pene penetrándome una y otra vez? ¿O yo de rodillas, tomándolo en mi boca?
Es una locura. Verlo tocándose así debería darme asco, o al menos h