Puse mi mano en la parte baja de la espalda de mamá y abrí una de las altas puertas de cristal que daban a la bulliciosa calle. Sentí un gran alivio en cuanto estuvimos afuera, lejos del personal ávido de chismes.
—Mamá, te quiero, pero ¿de verdad tengo que decirte que no está bien irrumpir en mi oficina y soltarme la que posiblemente sea la noticia más importante de mi vida?—
—Estabas a treinta segundos, como mucho, de decírselo a Olivia en la recepción.—
—Estaba bromeando. Hay una gran difer