CAPÍTULO 134

Me pone la mano bajo la barbilla, levantándola. Al instante me pierdo en esos ojos, esos preciosos y brillantes ojos azules. Los ojos de un asesino. Algo que olvido con demasiada frecuencia.

En cuanto Pavel se va, lo quiero de vuelta, quiero que mis manos vuelvan a estar entre las suyas. Quiero que me abrace, que me diga que todo va a estar bien. Una parte de mí odia la forma en que lo necesito, pero otra parte quiere ceder siempre.

Aparto esos pensamientos,

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