El timbre de llamada retumbó por toda la habitación, y las piernas entrelazadas entre Cristopher y Alison, se removieron para despegarse un poco.
Había pasado una semana desde el momento en que el magnate tarjo a Alison a su casa, y desde que no la había dejado ir a ninguna otra parte además de sus brazos.
Incluso ni siquiera habían ido a trabajar. Solo visitaron a Sam todas las tardes, asegurándose de que los llamaran tan pronto estuviesen los resultados. Aunque estos definitivamente estaban t