No supe cómo llegué a la mansión de mi familia, solo de repente Kary me abrió la puerta. Me miró con alarma y preocupación al ver mi rostro.
—Madame, ¿Dónde estaba? ¿Qué ocurrió? ¿Por qué parece haber llorado?
No respondí, me temblaban los labios. Y si los abría, rompería a llorar de nuevo.
—¿Por qué se llevó al bebé? ¡Alguien pudo haberla visto!
Con cuidado, le entregué a mi hijo, quién volvía a dormir plácidamente, como si nada hubiese pasado, como si nunca hubiese salido de casa. Kary lo