Abracé a mi bebé, sentí su aroma y la suavidad de su piel. Deseaba poder reconfortarme abrazándolo más fuerte, hasta que dejara de llorar por él. Pero, mi bebé era pequeño, frágil, y todo su mundo era yo.
—¿Cómo... supiste lo que encontraría arriba? —le pregunté a Lila, meciendo a mi bebé en mis piernas mientras ella bebía el vino del hotel.
Ella exhaló, mirándome con una sonrisa en los ojos.
—Yo también me hospedo aquí.
Saber eso me hubiese sorprendido, pero ya había perdido toda emoción.