Durante un tiempo después de ese día, pensé que se había burlado de mí y que me había engañado, que me había mentido sobre hacer volver a Alan. Especialmente cuando un puñado de sirvientas me despertó una mañana y comenzaron a arreglarme.
Sin decirme nada, comenzaron a desnudarme. Luego me enfundarón en un vestido blanco de seda, peinaron mi cabello cuidadosamente en bucles pequeños, y colocaron sobre él un tocado rojo de encaje y perlas blancas.
Me pintaron los labios de un suave color rosa