z aparentemente tranquila, mientras abría su camisa de golpe, rompiendo los hilos de los botones—. No me sorprende, eres una hábil mentirosa, una embaucadora astuta...
Me agité bajo su cuerpo, intentando quitármelo de encima.
—Si eso es lo que cree de mí, entonces suélteme y libéreme de su m*****a mansión. Permítame irme...
En un instante se inclinó y me sujetó del rostro con sus dedos. Jadeé, obligada a ver esa mirada fría y dominante.
—¿Dejarte libre? Seguro deseas irte con él, fugarte