¿Iba a probar que yo era igual que él? No entendí qué quería decir con eso, hasta que, en esa habitación oscura, sin muebles o alguna vía de escape aparte de la puerta que él mismo bloqueaba, me tiró de espaldas sobre la alfombra y comenzó a desvestirme.
Me sacó el vestido a la fuerza mientras yo pataleaba.
—¡Basta! ¡No quiero...!
Colocó un estomago sobre mi vientre y arrojó la prenda lejos de mi alcancé. Luego se inclinó sobre mí.
—Pareces no conocer tu posición, chica de humo —dijo, ll