Luciano me levantó de la silla donde estaba sentada y me llevó a su habitación. Allí, él me mostró las prendas que había comprado para mí, pero era más que obvio que nada de eso me iba a quedar. ¿Acaso era idiota?
—Este es muy lindo —me dijo él, mostrándome un vestido rojo corto. Yo miré el vestido y después a Luciano.
—Eso no me quedará —le dije lentamente y con bastante calma.
—No te lo has puesto.
Yo respiré profundo y le arranqué el vestido de la mano.
—¡Ok! Me lo probaré.
Fui a su baño y em