Mundo ficciónIniciar sesiónNarra Nadia.
Me quedé esperando a que el gato gruñón subiera por mí, pero pasó varias horas, que no supe nada de él y en su lugar quien abrió la puerta fue una de las pelonas que se encargan de servirme, mirándome con molestia y ya le estoy tomando el gusto a su mirada tan guay lo que hago es que la imito, cosa que le prende un montón.
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