—Resuelva su matrimonio, Susan, aclaré su relación con el señor Bastián —dijo el rector, ya abriéndome la puerta de su oficina—. Solucione sus conflictos y espero verla de nuevo aquí.
Dejé la universidad con un suspiro de desaliento y evité ir a donde el chofer, en su lugar, tomé la calle y caminé a casa a paso lento. Sentía como las miradas de mis compañeros me seguían y me sentí más avergonzada y humillada de lo que hubiese anticipado. Ahora todos sabían que Israel no había mentido: yo era l