—Yo podría... encargarme de ti de ahora en adelante, Susan —me dijo Adam, aun abrazándome, apretándome entre sus brazos cómo si nunca fuese a soltarme.
Permanecí quieta, pues no sabía cómo reaccionar. Mi vida acababa de derrumbarse frente a mí, y ahora él me confesaba estar enamorado de mí, justo en el momento más inoportuno y doloroso en mi vida.
—Susan, quiero decirte tantas cosas... —agregó, estrechándome contra su cuerpo, calentando mi helada ropa—. Quiero decirte muchas cosas que he rep