Capítulo 58. Encontrándose con Sofía
Santiago miró a su hermana, a quien había extrañado durante todos esos años. Y miró que sus ojos estaban rojos y llenos de lágrimas.
En ese momento, no pensó en nada más. Solo la abrazó con fuerza, sin querer soltarla, mientras le decía que la perdonaba. Pero le advirtió: que si volvía a hacer algo como lo que había hecho antes, podía olvidarse de que tenía un hermano mayor.
Sofía, en aquel instante, le prometió que, desde ese momento, no iría a ningún lado sin su permiso.
Santiago comenzó a ac