Capítulo 16. Un animal salvaje
Felipe estaba embelesado, hipnotizado por tanta belleza. Se pasó la lengua por los labios, como si quisiera devorarla con la mirada, como un lobo hambriento.
La atrajo hacia él y comenzó a besarla con devoción: primero el rostro, luego los ojos, la nariz y finalmente la boca, donde se detuvo un largo rato, fusionando sus labios con los de ella. Después bajó lentamente al cuello, donde comenzó a darle suaves mordiscos.
Ella solo podía gemir, cada vez más alto, mientras él, con una mano, acaricia