CAPÍTULO 31: EL VERDADERO ENEMIGO (II)
Julieta apenas podía procesar las palabras de su tío. Rocco la observaba con una sonrisa torcida, disfrutando del terror y la confusión en sus ojos. Ella había adorado a su tío como a un segundo padre, confiado en él ciegamente, y ahora todo se desmoronaba como un castillo de naipes.
—¿Quieres saber por qué, verdad? —dijo Rocco con una sonrisa burlona y nada de culpa en sus ojos—. Bueno, siempre pensé que era yo quien debía heredar el imperio de los Ricci,