GINEBRA.
Me desperté asustada temblando del frío, la habitación era muy oscura y no había ningún foco. O fuente de luz. Me acobije más aún con las sábanas sucias que me había dado el imbécil de Dom, me dolía la cabeza y sentía mucho frío. Así permanecí por largas horas hasta que amaneció, la poca luz que entraba por la rendija de la pared me calentó olvidándome totalmente del frío que sentía en unas horas anteriores. Estaba muy aburrida y fastidiada, debía encontrar la manera de escaparme, desp