Sus palabras me hicieron dudar de toda mi existencia, no era posible aquello que decía. Mis padres eran Lauro y Carolina Torres. No podía ser cierto, quizá lo estaba inventando todo para salvarse. Le seguía apuntando directamente al pecho, mi mente era un revoltijo de pensamientos y dudas. No sabía que hacer, una parte de mí quería creerle. Saber que viví todo ese infierno por error y que el odio que sentía por mis padres, era real.
—¿Por qué me dice eso? Mis padres son los asquerosos Torres.—r