Nos encontrábamos en la preciosa Roma, habíamos volado en el helicóptero a la capital de la gran Italia. Íbamos sumidos en un profundo silencio casi sepulcral, Emma estaba molesta y era evidente, por el abrazo efusivo. Estábamos esperando que Francesco nos enviará las coordenadas exactas del recinto donde tenían a Pierina. Nos había dicho que era un búnker de alta seguridad, por lo que entrar no sería nada fácil, lo cual nos daba a pensar que quizá allí se encontraba el tal Georgiano Vítale B