PUÑALADA.
Madre e hijo se dieron un beso esquimal.

—Yo también quiero—gritó Blanca.

—Ven aquí princesa.

Sam la puso en su regazo y se dieron un beso esquimal, mientras ella reía sin razón alguna.

—Aquí tienen sus pedidos.

De repente apareció el joven camarero dejó en la mesa lo que Laura había pedido y volvió a irse.

—Helado, helado...

Ver todo ese postre hacía que a Sam se le revolviera el estómago, el olor era insoportable.

Pese a que todo lo que trajo el camarero tenían buena pinta, a los ojos y olfato
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