HUÍDA.
Sam se dió la vuelta en el lugar donde estaba Eva, y se sentó en su sitio en silencio con la cabeza agachada. No quería ver a nadie y no quería que nadie le viera.

Daniel se sentó también en completo silencio, aunque era normal que él no hablase mucho, pero esta vez era diferente. Parecía tener miedo de pronunciar palabra.

Los recuerdos de anoche bombearon la cabeza de Sam atormentándole, haciendo que se pusiera como un tomate por la vergüenza.

Se escondió en el desayuno que había preparado Laur
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