61. LAS MELLIZAS
Ya han pasado los quince días de vacaciones de mis hijas. No le conté nada a Serrí, ni a ellas, sobre la visita de Horacio para no amargarles las vacaciones. Pero, por fin, llegaron. ¡Me han hecho una falta enorme! A pesar de tener a Robin y Joe pegados a mí todo el tiempo, el motor que me mantiene erguida son ellas. Tres días después de que ellas llegaron, Horacio apareció en mi empresa, sonriente. Robin y yo acabábamos de llegar de una presentación exitosa.
—Ema, ¡ahí está el desmadrado ese!