62. YA NO HAY SECRETO ENTRE NOSOTRAS
Veo cómo Horacio se levanta, nos da una última ojeada y se marcha sin decir nada. No puedo contener mi emoción. Estoy segura de su amor por mí, pero verlas hoy así, defendiéndome de su padre con tanto amor, me hace sentir tan feliz y orgullosa de ellas que lo único que puedo hacer es abrazarlas y besarlas.
—Ya, mamá, cálmate. No llores más —me pide Melissa, limpiando mis lágrimas.
—¡Tenías que habernos avisado antes, mamá! —me reprocha Emily.
Me limpio las lágrimas, todavía emocionada de ver a