47. LA ABUELA DE ROBIN
Me esfuerzo en mantener mi mejor "cara de póker", aunque, para ser sincera, nunca fui buena con esto de las expresiones neutras. La mujer arquea una ceja y sonríe. Esa clase de sonrisa que nunca sabes si es porque le estás cayendo bien o porque está planeando cómo desarmarte en tres pasos sencillos.
—Señora, Robin está en el hospital, ingresado —respondo, ahora más intrigada. ¿Si no vino por la enfermedad de Robin, a qué vino?
—¿En el hospital? ¿Le pasó algo? ¿Sufrió un accidente? —pregunta a