Mundo de ficçãoIniciar sessãoIris, que hasta ese momento estaba en silencio, observaba con curiosidad la imagen del rostro de la joven en la pantalla de la computadora. La pantalla seguía brillando en la semioscuridad de la habitación.
—No, Robin, no puedo revisar el estado de Ema porque necesito estar conectada a la casa imaginaria —respondió Iris. —Vaya, me hablaste ahora porque se trata de Ema —bromeó Robin. —Iris, perdón. No quería asustarte. Prometo no hacerte nada. ¿Me perdonas? Lo miro y suelto una carcajada; de veras me da mucha gracia ver cómo ambos tratamos a una caja metálica que hasta se molesta con nosotros. Robin me hace señas para que deje de reír mientras intenta que Iris lo perdone. —Robin, ¿le estás pidiendo perdón a Iris? —me burlé de nuevo sin poder dejar de reír. —Pensaba que la loca er






