75. UNA VIDA BORROSA.
STAN.
El camino de regreso a casa fue peor de lo que yo esperaba, los hombres de Paris que extrañamente cada vez eran menos, nos acompañaban en cada paso y yo solo tenía en mi mente ese nombre.
Ismael, Ismael, Ismael.
—Stan, ¿qué te sucedió? ¿Debo llamar al médico?
—No, estoy bien, solo fue un dolor de cabeza.
—¿Recordaste algo? —pregunto tomando mi brazo con fuerza y deteniendo mi andar.
—Te dije que no.
—Stan, es necesario que me digas…
—Paris, no es necesario que te diga nada. No tengo la