54. ¡TE ODIO, STAN!
STAN.
Un domingo en la mañana miraba a Alice jugar con Ismael en la piscina, era la escena perfecta. Era un retrato pintado por los dioses para mi, eran el regalo que la vida me había dado.
Mis padres venían entrando con una bandeja llena de pequeños postres y una jarra de limonada fresca, si eso no era felicidad no sabía lo que era.
La tarde fue simplemente perfecta, Ismael jugó con todos y a todos nos hizo meternos a la piscina, almorzamos un intento de comida que preparó Alice y que quedó de