31. NO.

ALICE.

Mi Madre me estaba mirando, sus ojos eran sangre pura. Me odiaba, lo sabía.

—Lo siento, no fue mi intención...

—Callate Alice, no quiero escucharte.

—Pero mamá, debes escucharme, tengo derecho a ser escuchada.

—Perdiste todos tus derechos, ¿te das cuenta de la magnitud de este problema?

—¿Algún día me has amado, madre?

—Desde el día que supe que estabas dentro mío y te he cuidado como a una frágil porcelana —la mire y me puse de pie, ese comentario era tan falso como el amor que me profe
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