30. LAS DESICIONES.
STAN.
Mis labios rodaban por todo su cuerpo, ya no sentía el frío de hacía pocos minutos cuando estaba de pie en la puerta trasera, mojado por la lluvia y con el corazón acelerado. Mucho menos cuando la vi saltar a mis brazos, dejó caer su teléfono y sabía que al otro lado de la línea era Aiden el que hablaba.
Su cuerpo tocó el mío y el frío desapareció, limpio las lágrimas que salían de mi y de las que ni siquiera me había dado cuenta que estaban.
—Eres tú —volvió a susurrar en mi pecho y es