32. LA VERDAD DE ALICE.
STAN.
—Stan, no creo que seas tú quien me adeuda esa explicación —vi sonreír y suspirar a Alice, se puso de pie y se iba a salir de allí ya frustrada y cansada, pero la tomé de la mano y la volví a acercar a mi cuerpo. necesitaba que supiera que estábamos los dos en esto.
—Yo tenía cerca de 12 y me aleje de Alice, porque no la podía ver como mi hermana, mis hormonas y mi mente me estaban jugando una mala pasada, esos dos años lejos de ella fueron un infierno, entonces una noche…
—No, Stan —Alic