22. EL PASADO DE UN NIÑO.
—No lo despierten.
—¿Dónde lo piensas dejar?
—No lo sé, no podemos arriesgarnos a que nos vean las cámaras.
—Eres imposible, te dije que dejaras ese mocoso en el apartamento.
—Y tú eres un imbécil. Se darían cuenta enseguida que fuimos nosotros y nos irían a buscar por cielo y tierra.
Mi mamá pensaba que yo estaba dormido, pero la verdad es que luego de pasar tantas horas entre el auto con hambre y frío, no tenía ganas de dormir, ya había dormido lo suficiente para resistir el hambre.
Man