Una nueva oleada de nervios me invade al entrar en la habitación. Las sábanas son perfectas y parecen demasiado inocentes para lo que vamos a hacer con ellas. ¿Estaremos en la cama? ¿En qué posturas me pondrán? ¿Cómo y dónde me tendrá Herson para que Zeky pueda ver? Ver. Nunca me han observado, ni siquiera para tocarme. ¿Estaré cómoda con eso?
—Hola, hola. ¿Estás bien?—, pregunta Herson en voz baja.
Aparto la mirada de él al ver a Zeky acercándose. Su pene aún está en su mano, mordiéndose el la