Ya sola, me siento ante el tocador y abro la caja negra que trajo Jackson. Acordamos asistir a la ceremonia ya con los anillos que nos compramos. Se me escapa un suspiro al ver el anillo dentro. Me lo pongo, con la vista nublada por las lágrimas un instante, hasta que cierro los ojos y las contengo. Entonces, admiro el anillo en mi dedo. Semiabierto por delante, rodea el dorso de mi dedo hasta terminar en un diamante a la izquierda. A la derecha, el oro blanco se divide en bandas para terminar