CAPÍTULO 30: UN MUNDO EN RUINAS (II)
Finalmente, devastado en su impotencia y la dureza de sus errores, se desplomó en el suelo, destrozado, con los puños ensangrentados y el alma rota. Las palabras duras que alguna vez le había dicho a Adeline resonaban en su cabeza, crueles y despiadadas. Como una especie de castigo.
Sabía que nunca podría perdonarse por lo que había hecho.
Las lágrimas cayeron pesadas y ardientes, el dolor desgarrador atravesándole el alma. Igual que aquella única vez en su v