Anna respiró hondo, tratando de calmar el tamborileo en su pecho mientras se acercaba a Mikhail.
Su mirada se clavó en el rostro de él, que se mantenía inmutable, y se obligó a agacharse para complacer a Lucas. Pero cuando se inclinó, su cara quedó a centímetros de la de Mikhail, tan cerca que pudo sentir su cálido aliento mezclarse con el suyo.
Su corazón dio un vuelco, y por un momento, ambos se quedaron quietos, atrapados en ese instante donde todo el peso del pasado parecía volverse insopor