Lisandro llega a la clínica y ni siquiera estaciona bien el auto; es tanta su preocupación que baja del auto sin cerrar la puerta, llamando la atención de los presentes. Siente que le falta el aire y corre como si no hubiera un mañana.
Al llegar a la habitación donde tienen internado a su hijo, donde debe estar también Aileen y Graciela, no están. La vacía habitación lo alerta aún más.
—Señor Caristeas—. Una enfermera se acerca a verlo consternado —Venga conmigo, por favor.
—¿Mis hijos? ¿Dónde