Caroline se sienta en su habitación, rodeada de papel, lápices y arcilla. La habitación que Patrick le había concedido. Su mirada está perdida en el vacío, mientras sus manos trabajan con fluidez, modelando la arcilla en una pieza única. La luz del sol se filtra a través de la ventana, iluminando su rostro y resaltando las lágrimas que ruedan por sus mejillas. Su expresión es de profunda tristeza, como si el dolor la estuviera consumiendo.
Con cada movimiento de sus dedos, la arcilla toma forma