Amor prohibido.
a perder la cordura.
—Dime, señor Caristeas…
—Señor—, pasa saliva. —Caristeas—. Obedece tratando de zafarse de su agarre, pero es para tocarlo; desea hacerlo.
—¿Me recuerdas…?— No pudo evitar preguntar.
—Jamás te he visto. ¿Por qué me haces esa pregunta?
—Yo… Olvídalo, suéltame. No quiero problemas—. Le suplica, pero Lisandro continúa encima de Caroline, su mirada intensa y apasionada. Caroline siente su corazón latir con fuerza, su respiración agitada.
—¿Por qué siento que eres mía?