Capítulo 324. Ecos a través del océano.
Adrián Soler
Londres amanecía como casi siempre: gris, lluvioso y con esa elegancia melancólica que te cala hasta los huesos.
Estaba de pie frente al ventanal del apartamento donde vivía, con una taza de té Earl Grey humeante en la mano que ni siquiera había probado. Desde el quinto piso, el Támesis parecía una serpiente de acero líquido deslizándose bajo la bruma.
Debería estar durmiendo. O repasando el guion para la filmación, que tenía en dos horas. Pero mi mente estaba a nueve mil kilómetro