Capítulo 274. La bofetada que no esperaba.
Adrián Soler
El taxi se detuvo frente al hospital y, por un instante, pensé en no bajarme. Tenía el corazón hecho un nudo y la cabeza llena de ruido. Ruido sucio. Ruido que no me dejaba pensar claro.
Ruido con nombre propio: Pandora.
Pagué sin mirar al conductor. Cerré la puerta con más fuerza de la necesaria. El aire frío de la mañana me dio de frente, pero no me despejó. Solo me hizo más consciente de lo molesto que estaba.
Molesto conmigo, con ella y con el mundo entero.
Entré en el hospital. El olor a desinfectante me golpeó, mezclado con ese silencio lleno de urgencias que intentan no sonar.
Subí por el ascensor sin mirar a nadie. Cuando se abrieron las puertas, caminé por el pasillo hacia la habitación de Max.
Pero a medida que avanzaba, mi paso se fue frenando.
Pensé en su voz. En cómo Pandora me miró anoche. En su sonrisa pequeña. En su cuerpo tibio. En cómo dijo mi nombre.
Y me dije a mí mismo que eso no significaba nada. Que no podía significar nada.
—Ya basta, Adrián —murmu